España: De dos nacionalidades elegir la menor

[Le Monde]

Durante y después de la de guerra civil, el camino del exilio de los republicanos estaba lleno de peligros y de sufrimientos. Después de cinco meses, sus hijos y sus nietos se dieron cuenta de que el camino de regreso no era fácil. Los escarpados senderos de los Pirineos han sido sustituidos por la autovía de la Ley sobre la Memoria Histórica. Gracias a la disposición adicional nº 7, arrancada en última instancia a los diputados por la Asociación de los Descendientes del Exilio (ADE), ahora es posible que las nuevas generaciones diseminadas por el mundo obtengan la nacionalidad española, además de la suya. Desde la entrada en vigor del texto, el 29 de diciembre de 2008, 10.101 personas han obtenido ya el pasaporte, entre ellos 242 franceses.

Según el gobierno, podría concernir a cerca de medio millón de personas. Muchas menos, estiman las diferentes asociaciones. Desde enero hasta finales de marzo, se han presentado 40.000 solicitudes, de las cuales 36.000 en América Latina. En numerosos países (Méjico, Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela), la perspectiva de la doble nacionalidad ha provocado una peregrinación hacia los consulados españoles. En Cuba sobre todo, donde un pasaporte de este tipo representa un bono de salida hacia… Florida.

España no debe temer un regreso masivo de los hijos del exilio. La crisis económica que la corroe no hace de ella un destino tan privilegiado como lo fue en en el último decenio. Sobre todo, el país que cuenta con mayor número de descendientes es Francia. Pero las motivaciones de los franceses son más a menudo afectivas hacia el padre o el abuelo que tuvo que

abandonar su tierra, a veces ideológicas y solidarias por los combates llevados a cabo pero raramente de orden económico. Este trámite de la memoria familiar tropieza con tantas condiciones que ciertos candidatos se desaniman, y otros se encuentran claramente excluidos. Una disposición, sobretodo, ha hecho estrangularse a más de un descendiente de un “rojo”: el formulario a rellenar implica “jurar fidelidad al rey”.

“Es el obstáculo número uno para los franceses, reconoce Ludivina García, la presidenta de la ADE. Esta fórmula obsoleta, proveniente del franquismo, es una verdadera provocación”. Consultados por la ADE, los servicios del defensor del pueblo -el equivalente español a nuestro mediador de la República- propone sustituirla por un galimatías jurídico todo terreno. Pero no es más que una sugerencia, cada consulado permanece libre de aceptarla o no.

Otra incongruencia, los descendientes de exiliados maternos están excluidos, en virtud de una disposición del Código Civil de 1954 que retira la nacionalidad española a una mujer que se casa con un extranjero. “Esto confiere a la Ley un carácter retroactivo inaceptable, cuanto más que las mujeres representan en 40% del exilio”, precisa la Sra. García. Entre estos “españoles de sala de espera”, como escribe la prensa, los casos particulares se multiplican. Los más excepcionales serán tratados en el consejo de ministros: como para los descendientes de Francisco González Escudero muerto en 1945 combatiendo en la Resistencia francesa, a quien el ministerio de justicia ha negado la nacionalidad española bajo el pretexto de que “había servido bajo la bandera francesa”.

La simple recolecta de los documentos justificativos es un rompe cabezas. Encontrar el extracto del certificado de nacimiento de una persona nacida en la España profunda de principios del siglo XX puede ser misión imposible. “Un certificado de bautismo daría fe, pero la iglesia no abre sus archivos voluntariamente siempre”, deplora Fabien Garrido. Su padre cruzó los Pirineos en 1939, pero ¿cómo probarlo sin los documentos de la época? “Ironías del destino, ha sido gracias a los archivos de la seguridad franquista que se ha podido encontrar una pista de él como responsable de un campo de refugiados en los Pirineos-Orientales.” (región francesa NdT)

Esta trayectoria de combatiente de la burocracia, Enrique Urraca no la seguirá más. Él sin embargo está en posesión de la tarjeta de refugiado político de su padre. “Nosotros salimos en 1958, pero la ley no beneficia más que a los exiliados entre 1936 y 1955. Es arbitrario, hubo hasta el final de la dictadura”, se lamenta. Tenía 12 años cuando su padre se ubicó en Gers (provincia francesa NdT). A los 63 años se instaló de nuevo en España. La doble nacionalidad le vendría bien, ya que, confiesa que se siente “francés en Francia y español en España”. Imposibles de acoger su nacionalidad sin perder la francesa. Por lo tanto, concluye: “Si hay que elegir, me quedo francés, ya que es Francia quien me ha hecho”.

El dilema es aún diferente para aquellos que se componen de tres identidades. Es el caso de Llibert Tarrago” nacido en Auvergne (provincia francesa, NdT) de padres catalanes. Autor del Puzzle catalán, la nación febril (ediciones Autrement, 270 páginas, 20 euros), este periodista, hijo de un republicano que fue deportado de Francia a Mauthausen, reparte su vida entre Paris, Brive y Barcelona. ¿Ha tenido la idea de ser español? “Soy seguramente francés por ciudadanía, probablemente catalán como consecuencia de mi segunda cultura y vagamente español como complemento de origen. Así que seamos honestos, no; sería necesario que me sintiera realmente español, y tendría problemas con un rey colgado a la espalda”.

[Artículo original escrito por Jean-Jacques Bozonnet]

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